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Las Universidades K.U.K
  Parana.,07/02/16
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A pesar de Schuberoff y su dinástica descendencia, todavía la UBA sigue siendo la mejor universidad del país, aunque no ya en todas las carreras; las preguntas que se imponen, son hasta cuándo lo será y cómo van a resistir las universidades el se-guro embate neoconservador del gobierno que quiere perfeccionar el tratamiento de la educación como una mercancía más y un negocio más del capitalismo. Mientras tanto, con indolencia se constata la creciente dificultad de los estudiantes para le-er, escribir y hablar con competencia; y con ligereza estúpida se diagnostica el dato no como un déficit sino como la "actual cultura de los chicos"…; habría que añadir: no de los "chicos" más o menos políglotas que estudian en las privadas y hacen costosos postgrados en el exterior… Durante el menemato peronista, i. e., la "Segunda Década Infame", las privatizaciones de los ferrocarriles, la electricidad, la petrolera YPF, las telefónicas, etc., contó con la complicidad de la burocracia sin-dical y la desmoralización y el derrotismo de los trabajadores. Las universidades tendrán que cuidarse muy celosamente para que mutatis mutandis las patologías no se repitan.

El año pasado pasó sin pena ni gloria el vigésimo aniversario de la vigencia de la Ley (peronista) de Enseñanza Superior que hirió de muerte a la autonomía universi-taria; y, de chiripa, el gobierno k.u.k derogó (para exultación del Santo Padre Fran-cisco, "argentino y peronista") la laicidad de la enseñanza que prescribía la Ley 1420. Ambos hechos han sido ignorados incluso en las Facultades de Educación por los alumnos que dicen estar "politizados". Desde luego la responsabilidad sustantiva no es de ellos, sino de nosotros, los "profesores", que también hemos aceptado, por oficialismo u omisión, algo que en otras épocas (v. g., la de "la laica y la libre" o la de hace veinte años) hubiese resultado en un escándalo de grandes proporciones. Tam-bién esto debe ser registrado como otros síntomas más de que las universidades correctamente llamadas "estatales" (≠ públicas) pasan por el peor período de su historia desde 1918.

La Universidad, como presunta depositaria sistémica del conocer y del pensar, en vez de estar a la vanguardia de la crítica, se halla ahora por detrás de la conscien-cia de la sociedad. Las universidades han renunciado desde hace mucho tiempo a la crítica y aun a la ciencia y al pensar, y sobre todo al debate público de ideas, i. e., han renunciado al uso público de la Razón y a la participación y a la creación de un posible espacio público emancipado de los imperativos sistémicos del Estado y del capital. No tienen presencia las acuciantes cuestiones del bonapartismo, del patri-monialismo, del prebendarismo, de la estadolatría, de la criminalidad sistémica, del narcoestado, del Estado mafioso, del temible "criptoestado". Como parte del Son-derweg criollo, la caracterización de "nacionalista" y "católico" -desde una "mirada del Sur"- puede sonar zurdita, y, en cambio, las consignas revolucionarias de la Re-volución burguesa "cosmopolitismo" o "liberalismo" pueden sonar a fascio.

En los claustros y entre los alumnos, se registra la aparición de una nueva especie zoológica hasta hace poco inexistente, la de estudiantes "oficialistas". Para decirlo de manera intuitiva y sinópticamente, hay que recordar que la Juventud Universita-ria Peronista no recibía órdenes del Teniente General Juan Domingo Perón, ni tam-poco la Franja Morada, de Alfonsín, y menos aún, de De la Rúa. Entre los profesores, por su lado, la arraigada y vigorosa cultura de izquierda -ya reformista ya revo-lucionaria- está casi totalmente eclipsada por las ideologías tecnocráticas, pos-modernas, y aun por la Teología Política. Las universidades han aceptado mansamen-te las evaluaciones de la CONEAU; han aceptado financiarse con el dinero espurio de las mineras; de forma inédita sus autoridades sistémicas se han pronunciado de manera partidaria, sugiriendo a los claustros, presuntamente faltos de consejos, acerca de cómo votar; sin escándalo se registran la persecución académica y los aprietes; etc. Peor aún: a la manera de esas organizaciones para-estatales como la Tupac Amaru y Sueños Compartidos, algunas universidades han recibido dinero del Ministerio de Planificación con incierto destino…

Pero, lo que habría que inscribir como el síntoma más grave del peor momento de la historia de la universidad desde 1918, sería la proliferación en los claustros de la Teología Política indisolublemente asociada con la "dominación carismática". En efecto, para explicar y comprender al kirchnerato o a la "Tercera Década Infame" en el contexto de la taxonomía de los "tipos de dominación" propuesta por Max We-ber, habría que recurrir al tipo ideal de la "dominación carismática" y, por ese in-grediente religioso, a la Teología Política. Sólo la Teología Política como "leyenda del poder" puede y ha podido explicar y justificar el liderazgo y la dominación carismá-ticos. También, sólo la Teología Política puede explicar y justificar la así llamada "religiosidad popular", el verboso Sínodo de Carta Abierta y el religioso "periodismo militante".
La escena llena de magia -en la que una Princesa carismática (más o menos poseída) monologa y aun no pocas veces delira con desfachatez ante una multitud arrobada y extática, i. e., una multitudo crédula e hipnotizada constituida no sólo por las masas del Freud de Psicología de las Masas…, sino por la de "intelectuales" y "universita-rios"- demanda casi obligatoriamente el recurso a la Teología Política, dado que sólo los creyentes exhiben tal grado de obsecuencia y servilismo moral y mental.

Para intentar recobrar su perdida autonomía y precaverse de un próximo futuro lleno de asechanzas, la gran deuda de las universidades es la ausencia de un debate público acerca del kirchnerato y del significado histórico y social de la "Tercera Década Infame"; pues, si algo ha resultado repugnante durante la "década ganada", es el uso retórico del lenguaje y la voluntad de acallar la pluralidad de las voces, la libertad de pensamiento y expresión.
Gustavo Lambruschini

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