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Medios la continuidad del Kirchnerismo con otro rostro
  Parana,15/01/16
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Impidió la libertad de expresión de quienes no pensaban igual. Persiguió y censuró a periodistas y medios que tenían una postura crítica hacia las políticas gubernamentales y hacia el proyecto dominante. Combatió usando el aparto estatal (medios, AFIP, servicios de inteligencia, etc) a los que denunciaban sus múltiples actos de corrupción. No permitió que aquellos comunicadores independientes que buscaban cumplir con su oficio dignamente, tuvieran acceso a los medios oligopólicos que controlaban (ya sea estatales, de propiedad de amigos o condicionados por la pauta oficial).

Convirtió a los medios del Estado en medios al servicio de su facción partidaria, sin permitir otras voces ni admitiendo la pluralidad de opiniones. Impidió que la sociedad argentina se informara libremente de lo que sucedía en el país durante su gestión (escondiendo o falseando los hechos cuando no les convenía). Limitó el libre acceso a la información pública y en muchos casos trabajó para su ocultamiento y destrucción (como en el INDEC o el contrato reservado de YPF con Chevron).

Enriqueció a todos los escribas, mercenarios y ‘empresarios’ cercanos al poder político, que durante su gobierno contribuyeron a ocultar las políticas de entrega, depredación y corrupción, y que no tuvieron escrúpulos para silenciar los actos aberrantes que cometía el kirchnerismo.

El cambio de gestor de los intereses de las corporaciones que se produjo en diciembre pasado (macrismo por kirchnerismo) no significó un cambio en las políticas comunicacionales, sino sólo un cambio de actores protagónicos. Algunos escribas y propietarios de medios que apoyaron al gobierno saliente comenzaron a mirar con ‘cariño’ al nuevo gobierno, otros entraron en serios problemas financieros (ante la falta de ‘oxígeno’ oficial), mientras que otros comenzaron a recibir la misma medicina que usaba el gobierno anterior para los opositores.

Un caso paradigmático ha sido el periodista mercenario Víctor Hugo Morales, quien pasó de ser un crítico acérrimo del kircherismo (y perder su trabajo y muchas oportunidades laborales por ello) a ser un fiel repetidor del relato fantástico de ese gobierno, avalar cuanto acto de entrega, censura y violación de los derechos de comunicación realizara, para recibir a cambio múltiples beneficios (directos e indirectos) que le garantizaron ingresos fabulosos como nunca antes había recibido a lo largo de su vida.

Este personaje inescrupuloso es ahora víctima de las mismas políticas repudiables que se vinieron aplicando a lo largo de este siglo en materia comunicacional, donde se busca acallar toda voz crítica a quienes detentan el poder económico o político a su servicio. Y así como se veía con enorme preocupación el avance de las múltiples violaciones que el kirchnerismo cometía contra los derechos de la comunicación en la Argentina, también se observa una condenable política similar en el actual gobierno nacional.

Desde nuestro Observatorio Comunicacional del Programa de Extensión de cátedra “Por una nueva economía, humana y sustentable” vinimos reclamando por los derechos de la comunicación y denunciando su violación sistemática.

Como lo veníamos sosteniendo desde comienzos de la gestión kirchnerista, cuando el grupo Clarín era socio y cómplice de ese gobierno, y por ello recibió beneficios gigantescos (pesificación uno a uno de su deuda externa, prórroga de la licencia de sus medios por diez años, autorización ilegal para la fusión de sus dos canales de clave, fondos de la publicidad oficial, etc), y continuamos haciéndolo durante el resto del mismo gobierno cuando se pelearon por repartos de las presas (generando un falso debate en el seno de la sociedad, para desviar la atención de los problemas reales y de fondo).

Ni el kirchnerismo, ni el macrismo, ni Clarín están preocupados por los derechos de la comunicación, por las libertades de expresión y el ejercicio independiente del periodismo en la Argentina, por el libre acceso a la información pública, por la pluralidad de voces en los medios, por garantizar la difusión de miradas críticas al proyecto dominante, o por la plena vigencia de los derechos democráticos.

Los derechos de la comunicación son parte esencial de los derechos humanos, porque posibilitan y facilitan el acceso a los mismos y la lucha por su plena vigencia. Por eso insistimos en la necesidad de continuar bregando en defensa de los medios comunitarios, alternativos y populares, en defensa de los periodistas verdaderamente independientes y de aquellos que sin serlo también tienen el legítimo derecho a expresarse sin censuras, en defensa de la difusión sin ocultamientos de las infinidades de movilizaciones y actos de resistencia de las víctimas del modelo neocolonial extractivista y depredador vigente en la Argentina.

*Contador y docente de la Licenciatura en Comunicación Social - Facultad de Ciencias de la Educación - Universidad Nacional de Entre Ríos.
Revista Analisis digital.
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