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El relato fantastico
  Parana,22/10/15
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En la Argentina del siglo XXI asistimos a un proceso de crecimiento como nunca antes se dio en la historia de la nación… mientras hubo viento a favor del contexto externo. Jamás hubo un período con precios tan elevados y sostenidos en el mercado mundial de nuestros productos exportables. ¿Para qué sirvió?

Primero que nada, para pagar furiosamente a los usureros internacionales una deuda inexistente, ilícita y fraudulenta, que no debíamos. La dictadura dejó esa herencia de más de cuarenta mil millones de dólares que debimos reclamar, y la democracia pagó hasta hoy alrededor de cuatrocientos mil millones de dólares. Y cada vez pagamos más, y cada vez debemos más. En los últimos años, hemos pagado furiosamente (la presidenta dice con orgullo que somos pagadores seriales!) y la deuda se viene incrementando en más de 15 mil millones de dólares anuales. Hoy debemos más de 400 mil millones. Vergonzoso.

Segundo, que el período de mayor crecimiento también sirvió para la gigantesca fuga de capitales, amparada en una legislación de la dictadura y de Martínez de Hoz, que no fue tocada. Más de cien mil millones de dólares de fuga de capitales, reiteran una práctica que se inicio con la dictadura genocida, y que se continuó con el gobierno justicialista de Menem en los ’90. Eso permitió que una minoría de argentinos multimillonarios acumule en el exterior una fortuna tan grande como nuestra deuda (incluyendo los famosos fondos que los K recibieron por apoyar la privatización de YPF en los ’90, que en su momento fueron de 550 millones de dólares, y que nadie sabe adónde fueron).

Tercero, esa bonanza también permitió el saqueo de riquezas vía la remesa de utilidades y regalías de las corporaciones internacionales radicadas en el país, permitido por la ley que impuso la dictadura genocida. Nunca hubo un giro de ganancias al exterior tan grande como lo hicieron las ET en el período del gobierno “nacional y popular” del gran relato K.

Cuarto, las divisas que llovieron en gran escala también permitieron ocultar la naturaleza depredadora del modelo neocolonial, que en su esencia estructural destruyó no sólo sectores productivos sino naturaleza y sociedad, reafirmando sólo aquellas ramas de la economía controladas por las transnacionales (megaminería, hidrocarburos, agronegocios y armadurías de bienes importados), que no presagian ningún futuro para la sociedad.

Mientras tanto, con las migajas que fue dejando el extractivismo depredador y saqueador se cubrieron los impactos negativos con cientos de miles de subsidios clientelares y con un crecimiento desmesurado del empleo público, que no son ninguna solución estable y estructural a los problemas sociales, sino una bomba de tiempo que estallará a algún futuro gobierno.

Con tantos recursos dilapidados a favor de los más poderosos, ¿qué estructura social nos deja el gran relato kirchnerista?

Una sociedad donde la pobreza alcanza a un tercio de la población argentina, de los cuales la gran mayoría se encuentra en situación de pobreza estructural. A lo que hay que agregar que un 42% de la población urbana se encuentra en riesgo de caer en esa situación (multiplicando la pobreza actual). Y donde además existe una ruptura preocupante de la cohesión social, que se consolidó con este gobierno supuestamente “nacional y popular”.

Una sociedad donde el conjunto de los trabajadores (supuestamente beneficiados por este modelo “nacional y popular”) reciben en promedio un ingreso mensual inferior a los siete mil pesos, cifra que no cubre la canasta básica de pobreza, y donde la gran mayoría cobra menos de esa cifra (es probable que el grueso de los “militantes” nac & pop, esas decenas de miles que se benefician de cargos y empleos públicos a cambio de lealtad al que maneja la caja, no estén en esta franja de población).

Una sociedad donde a pesar del relato fantástico, un tercio de los que tienen trabajo están en situación de precariedad e informalidad, que los lleva a vivir en una zozobra permanente y en una situación de indefensión ante cualquier contingencia, y percibiendo ingresos miserables que no llegan ni a la mitad de lo percibido por los empleados formales del sistema.

Y si hablamos de los salarios indirectos que reciben los trabajadores, vía los servicios sociales indispensables a cargo del estado, la situación empeora más aún. El deterioro de la salud pública es alarmante, lo mismo que la desintegración del sistema educativo estatal. Ni qué hablar del estado de la justicia y la seguridad, que amenaza con ampliarse aún más con los posibles candidatos presidenciales (en la provincia de Buenos Aires gobernada por Scioli los delitos, la violencia, la inseguridad, el tráfico de drogas, hacen que la vida para los ciudadanos de a pie se haya transformado en una pesadilla, que puede llegar a potenciarse para todos los argentinos desde diciembre de este año).

Y ese balance no considera que la parte más favorable de la era K terminó entre el 2007 y 2008. Ahora los motores se frenaron y comienzan a evidenciarse los aspectos más estructurales que no pueden ocultarse debajo de la alfombra del relato fantástico.

¿Quiénes ganaron en serio, y que el relato nunca los menciona?

Los principales beneficiados por el gobierno kirchnerista fueron los dueños del poder, que antes que nada lograron que la sociedad movilizada y en la calle en los años 2001 y 2002 volviera “a la normalidad”, se aquietaran los ánimos y se desactivara la bomba de la resistencia popular. Ese fue el principal servicio que prestó el gobierno K al poder económico en la Argentina. Pero además lo hizo garantizando las mayores ganancias al sector financiero, a los vampiros acreedores, a las grandes corporaciones, al capital extranjero y a los empresarios de la oligarquía nativa (las cifras concretas de distintas fuentes, incluidas las oficiales, no dejan lugar a dudas).

Ahora volvamos al paquete de logros que con tanto furor nos quieren meter para esconder lo más importante.

Si las cuestiones esenciales que hacen a la calidad de vida de los seres humanos que habitan ese territorio privilegiado por la naturaleza se ha deteriorado en semejante magnitud, y los principales beneficiados fueron los privilegiados de siempre: ¿de qué vale el relato fantástico? Son manotazos que buscan prolongar la agonía de un grupo político al servicio del proyecto dominante, que quiere seguir siendo el gestor privilegiado de los intereses del poder económico en la Argentina.

Pero como ya no alcanza con el relato fantasioso, que se alimenta anualmente de miles de millones de pesos en publicidad para el partido gobernante, hay que apelar cada vez con más frecuencia a la última barrera que le queda siempre al sistema: la represión.

En los últimos años ha crecido la violencia institucional hacia los sectores que resisten el proyecto neocolonial, extractivista depredador, saqueador y corrupto. Se persigue, se castiga, se judicializa, se tortura y se asesina. En Chaco, en San Juan, en La Rioja, en Formosa, en Santa Cruz, en Buenos Aires y en la propia Capital Federal. No sorprende que el sistema y quienes gobiernan para administrarlo en beneficio de los dueños del poder actúen de esa manera. Lo sorprendente y lamentable es que muchos que se suponen militantes populares defiendan esas políticas y lo oculten en complicidad.

Es una modesta opinión, y la dejo para el debate.
Cordiales saludos.
Luis Lafferriere 22-10-2015

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