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Argentina y la deuda externa
  Parana,19/08/15
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  HaHablar de la deuda pública argentina no es un tema sólo para especialistas y entendidos en economía y finanzas. Se trata de una cuestión que tiene un profundo impacto, de manera directa o indirecta, sobre la realidad cotidiana y las condiciones de vida de toda la población. A pesar de ello, su tratamiento siempre queda limitado a un grupo acotado de supuestos especialistas, los considerados economistas serios del establishment, cuya única fortaleza (no menor por supuesto) es que son apoyados por los grupos económicos y los grandes medios de in-comunicación y des-información.

La deuda que ha asumido el Estado nacional, y que viene condicionando a los diferentes gobiernos desde el retorno a la democracia luego de la última dictadura, es un fraude fenomenal que se consumó a favor de un reducido sector del capital más concentrado y que ha contribuido a condicionar las políticas públicas por varias vías. Se ha destinado una suma fabulosa de las arcas del Estado para pagar intereses y devolver capital, en perjuicio de otros rubros del gasto público, mucho más esenciales para toda la sociedad como lo son la educación, la salud, la justicia, la infraestructura económica y social, etc. Además, como en muchas oportunidades no se podía cumplir totalmente con lo pactado con los usureros, había que renegociar renunciando a la soberanía, entregando bienes públicos, aceptando condicionamientos y legislando a favor de las grandes corporaciones.

A pesar de la importancia del tema, ni desde el gobierno actual ni desde la oposición con posibilidades de sucederlo hay anuncios de cambios respecto de la estrategia que se ha desarrollado, de pagar a rajatabla y patear para adelante los problemas agravados, que nunca encuentran solución definitiva. Por eso es imprescindible, informarnos, discutir y participar activamente con opiniones fundamentadas, para que la sociedad y los sectores más vulnerables dejen de ser el pato de la boda de un fraude que enriqueció y sigue enriqueciendo a unos pocos, en perjuicio de la gran mayoría de la población.

Es necesario también ese debate para desmitificar el relato fantástico de una supuesta actitud soberana que consiste en pagar religiosamente una deuda que sin aval jurídico tiene como único fundamento la exigencia de los buitres de adentro y de afuera, y de hacerlo a costa del esfuerzo de todo el pueblo y de renunciar a nuestro futuro.

No se puede ignorar el origen de la deuda pública de la Argentina, que fue generada por la dictadura entre 1976 y 1983, que dejó una herencia que fue aceptada sumisamente por los distintos gobiernos posteriores que la intentaron legitimar, omitiendo considerar su carácter fraudulento y odioso (si nos atenemos al marco jurídico existente).

Que es una deuda odiosa es evidente por el hecho de haber sido asumida por un gobierno dictatorial, por no beneficiar al pueblo (que igual la vino pagando y hoy pretenden que la siga pagando) y porque ambas circunstancias eran de conocimiento de los prestamistas, motivo por cual debía repudiarse. Pero además, no es una deuda sino un fraude, lo que quedó demostrado judicialmente, a partir de la denuncia realizada por Alejandro Olmos y de la sentencia del juez Ballestero en el año 2000.

¿Qué hicieron los gobiernos “soberanos” con esa deuda odiosa y fraudulenta, que a fines de 1983 llegaba a 43 mil millones de dólares y que no correspondía pagar? Han pagado desde entonces y hasta el momento una suma de 400 mil millones de dólares, y aún deberíamos pagar mucho más (por ahora hasta la década del 70 del presente siglo).

Queda claro que esa deuda fraudulenta e inexistente ha servido para saquear nuestras riquezas, pero también para condicionar las políticas públicas en pro de un modelo neocolonial extractivista que tiene como objetivo central depredar nuestros bienes comunes, exportarlos y procurar las divisas necesarias para seguir pagando por toda la eternidad, y a pesar de ello nunca llegar a saldar la supuesta deuda.

En lugar de profundizar el extractivismo depredador para conseguir divisas y pagar indefinidamente el fraude eterno, ¿no deberíamos cortar de una vez por todas con la política de entrega de nuestras riquezas y de subordinación de nuestra sociedad a la estrategia colonialista de los países centrales?

¿Qué tiene de soberano ser pagadores seriales del tributo al imperio, por una deuda fraudulenta, ilícita e inexistente, que ya la pagamos varias veces, que la seguimos pagando y que cada vez debemos más?

Desde fines del año 2002 hasta la actualidad la Argentina se ha venido beneficiando por un panorama internacional ampliamente favorable desde dos perspectivas.

Por un lado, los precios de los productos exportables se han mantenido durante un período prolongado a los niveles más elevados de la historia, lo que ha permitido al país recibir ingresos fabulosos en divisas como jamás los tuvo un gobierno anterior, y al Estado nacional recaudar a niveles nunca vistos anteriormente. Por otro lado, mientras en décadas anteriores la tasa de interés en el mercado mundial se mantuvo a niveles muy elevados (llegando a rozar casi el 20% anual en dólares en la década del 80 del siglo pasado), en la última década los intereses han bajado casi a cero en las principales plazas de los países capitalistas centrales.

¿Aprovechamos esa situación para crear las condiciones favorables a un cambio estructural que nos permita mejorar sustancialmente las condiciones de vida de todos, y hacerlo de manera sustentable pensando también en las futuras generaciones? Todo lo contrario. Hemos desaprovechado esa oportunidad histórica.

En el año 2001, cuando se declaró la imposibilidad de afrontar la deuda, debíamos 145 mil millones de dólares. Del 2003 a la actualidad fuimos pagadores seriales, ya que el gobierno nacional pagó 190 mil millones de dólares convirtiéndose en el gobierno que más deuda fraudulenta ha pagado desde el retorno a la democracia. Y ahora debemos más de 220 mil millones de dólares, sin computar intereses a pagar por otros 72 mil millones de dólares. A eso se suma el haber permitido en ese período una fuga de capitales por 90 mil millones de dólares y habiéndose remitido ganancias al exterior por más de 22 mil millones de dólares.
¿Cuál ha sido la política oficial respecto de la deuda? Tratar de cumplir con todos los requerimientos de la usura internacional, para poder volver a tomar deuda libremente en el exterior, ya que desde el año 2002 no hemos podido emitir nueva deuda. Quieren multiplicar la deuda en el mercado externo, aun sabiendo la imposibilidad de pago de todas esas obligaciones fraudulentas, y lo hacen renunciando expresamente a la soberanía judicial argentina, aceptando legislación y tribunales extranjeros, en abierta violación a la Constitución Nacional.

¿Quiénes apoyan esta forma colonizada de sumisión a la usura internacional? Todo el arco del establisment económico y político (oficialismo y oposición), además del oligopolio mediático a su servicio. Prefieren someterse al poder económico antes que defender los legítimos intereses nacionales. La supuesta pelea entre economistas del establisment y entre los políticos “serios” del oficialismo y la oposición no contempla respetar el marco jurídico y constitucional, ni mucho menos investigar la supuesta deuda, y ni por asomo cuestionar su carácter odioso y fraudulento.

Se pelean para mostrar quién defiende mejor los intereses del poder, aunque procuren ocultar esa sumisión con palabras y gestos de defensa de la soberanía y de los intereses populares. Han transformado la estrategia de los usureros internacionales en política de estado que no se discute. Intentan demostrar lo indemostrable, afirmando que la reclamada ilegitimidad de la deuda por parte de muchas organizaciones sociales debió plantearse al inicio del retorno a la democracia, y que ya no puede hacerse. Deben saber (o simulan ignorarlo) que la ilegitimidad de origen no puede ser legitimada por los canjes posteriores. Esa deuda es nula porque constituye una estafa.

Los candidatos a la presidencia se cuidan mucho de hablar del tema, pero sus intenciones son volver a endeudarnos más aún de lo que estamos, para lo cual continuarán entregando bienes, patrimonio y recursos argentinos a los que traigan algún alivio momentáneo, que en muy poco tiempo se convierte en salvavidas de plomo.

¿Qué caminos alternativos tenemos?

Hacer más de lo mismo no es una alternativa. Es asegurarnos los mismos o peores resultados, profundizando la dependencia, prolongando la agonía, renunciando al futuro. Se debe cumplir con la ley, con la Constitución y con los intereses soberanos de la nación argentina. Interrumpir el pago de la deuda e investigar el origen y la legitimidad de la misma, y luego pagar sólo lo que corresponde y en función de las posibilidades concretas, sin afectar el bienestar de los sectores populares. Desconocer la facultad de los tribunales extranjeros, recuperando la soberanía nacional. Impulsar un cambio profundo del actual modelo de producción-destrucción para comenzar a transitar por un camino alternativo, humano y sustentable, que nos permita mejorar las condiciones de vida en el presente y soñar con un futuro mejor para todos.
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