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La patente sobre semillas es ilegítima
  Paraná,17/09/14
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“Frente a la nueva arremetida de las multinacionales para profundizar el ordenamiento de la producción de alimentos de acuerdo a sus mezquinos intereses, los miembros de la Junta Abya Yala por los Pueblos Libres y del Programa de Extensión “Por una nueva economía, humana y sustentable” de la carrera de Comunicación Social, UNER, ratificamos que toda patente sobre semillas es ilegítima, y frente a esa pretendida apropiación opera en los pueblos el deber de la resistencia.

Hemos sido atropellados por el capital financiero mundial, las multinacionales y sus socios y seguidores en el país. Sus atropellos nos dejan cada día menos margen para la vida comunitaria en armonía. Estamos ante un nuevo racismo colonial que reduce a las mayorías a la servidumbre, desprecia la biodiversidad, y llega al extremo de retacear semillas o aplicar la usura patentando la vida, luego de introducir cambios genéticos con una soberbia obscena.

Como respuesta, las organizaciones sociales nos vemos en la obligación de estudiar para tomar conciencia. El conocimiento y la amistad de los pueblos son nuestras fuentes.

De allí derivarán los planes para la independencia, y esa independencia significa la expulsión del capital financiero internacional, las multinacionales, los pooles; la erradicación de la usura internacional y regional.

Cualquier persona que siembre tiene derecho a usar semillas de su producción, intercambiarlas, regalarlas, y a cultivar sin riesgos de que los transgénicos contaminen la naturaleza de sus plantas.

Este sistema implantado es el fruto de la soberbia de la modernidad esclavizadora, sostenida con genocidios. Nosotros somos hoy los indios, los negros, los gauchos, la barbarie. Las multinacionales y sus socios traen zozobra y muerte.

El genocidio del Abya Yala sigue vigente por distintos medios. Hoy se expresa en los transgénicos y el riego con cócteles de químicos que atentan contra la salud, ante la mirada cómplice de empresarios, políticos y profesionales ligados al negocio.

Ese genocidio se expresa en la destrucción de la biodiversidad y la enfermedad o el destierro de nuestras familias. En algunas de nuestras provincias sufrimos un éxodo que es lacerante, y el capital llega en el siglo XXI a devorar lo poco que va quedando tras cinco siglos de saqueos.

Los legisladores de hoy deben saber que no están autorizados por los pueblos a acompañar los desmanes del gran capital, que las patentes sobre las semillas no tienen licencia social.

Hace casi dos años firmamos con numerosas organizaciones del litoral argentino un documento en defensa del maíz y la vida.

Allí declaramos al maíz (Zea mays) semilla venerable e inviolable de Abya Yala y el planeta, alimento sustancial de la especie humana, y advertimos que estamos desconociendo toda patente privada o propiedad intelectual sobre la semilla o la planta del maíz.

Hicimos foco en un cultivo milenario, símbolo de los alimentos del Abya Yala, pero extendimos la manifestación a todas las semillas.

En estos días de setiembre de 2014 acompañamos otro documento, junto a numerosas organizaciones, titulado “no nos patenten la vida”. Allí sostenemos que no hay nada que negociar con la invasión colonial, no hay coexistencia posible.

La producción a gran escala con químicos y transgénicos, el patentamiento de semillas y las exigencias de regalías a los que sembramos son las armas de un ataque neocolonial que no da lugar a la vida familiar, es enemiga de las chacras, de la producción orgánica de los campesinos, de los conocimientos milenarios, de la alimentación sana.

Las patentes sobre las semillas son una declaración de guerra del capital a los pueblos y a la libertad. Tomamos nota. Detrás de estos proyectos para apropiarse de la vida hay un tirano que se llama capital financiero. Los legisladores están obligados a actuar contra ese tirano.

Nuestros reclamos deben ser entendidos como pedidos de libertad para las semillas. Tanto los gobernantes como los gerentes de las multinacionales están avisados. Somos muchos los que abrimos los ojos ante la prepotencia del norte imperialista y la metrópolis unitaria mitre-roquista.

La tierra no es del hombre, el hombre es de la tierra. No tenemos derecho a romper, llevados de ilusiones pasajeras, nuestra honda pertenencia al paisaje y nuestra solidaridad con los pueblos y demás seres vivos de mañana, en todas las latitudes. La unidad de los pueblos del Abya Yala y el mundo nos hará libres”.
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