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El pueblo entre dos fuegos perversos
  Paraná,14/02/11
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  (o la perversidad de Mauricio y Cristina)

De nuevo asistimos a un grave problema social, ocultado por los grandes medios de (in) comunicación debajo del manto de un falso enfrentamiento. Esta vez ‘Mauricio vs Cristina’ es la fachada de la carencia dramática de vivienda para los sectores populares y de la falta de preocupación de los gobiernos de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires por resolverlo.

La sociedad argentina sufre un déficit de alrededor de tres millones y medio de viviendas, lo que afecta al menos a quince millones de personas, lo cual significa una evidente violación a un derecho humano fundamental, que está incluido en la Declaración Universal de los DDHH (art. 25) y en los derechos que reconoce nuestra constitución para toda la población (art. 14 bis in fine).

En nuestro país existe una marcada y cada vez mayor desigualdad distributiva, lo que también se refleja en el acceso a la vivienda. Un reducido sector de la población de muy altos ingresos puede acceder a viviendas de su propiedad (como inversión o para uso propio). Pero un sector mayoritario que no tiene ingresos ni para alimentarse, mucho menos puede comprarse una vivienda.

Una respuesta histórica que el Estado Nacional intentó dar frente a las necesidades de los sectores de menores ingresos (medios y bajos), fue la construcción de viviendas sociales, entre las que figura el Fondo Nacional de la Vivienda (creado por ley en el año 1972). Sin embargo, en los últimos diez años ha venido disminuyendo el monto que las provincias reciben de la Nación por ese concepto, a pesar de que existía una garantía del Estado Central desde el año 1995 de remitirles un mínimo anual de novecientos millones de pesos (equivalentes a dólares en ese momento), cifra que hasta el año 2007 nunca se cumplió.

La fuerte caída de los fondos del FONAVI a las provincias explica la reducción de la cantidad de viviendas terminadas con tales recursos en todo el país. Hacia finales de la década del ’90, se llegaron a terminar casi 50 mil viviendas por año, lo cual estaba muy alejado del déficit habitacional existente, y muy por debajo aún del incremento anual del mismo. Pero lo más grave de todo es que esa cifra disminuyó drásticamente, para caer casi al 20 % en el año 2007, cuando se terminaron menos de 12 mil viviendas, a pesar de la sostenida recuperación económica que se evidenció durante esos años.

Por otro lado, es de destacar que en los últimos 15 años asistimos a un fuerte proceso de pérdida de recursos que corresponden legítimamente a las provincias, a favor del gobierno nacional. Según la ley de coparticipación federal de impuestos vigente, las provincias deben recibir un 57 % del total, y la Nación un 43 %. En los últimos años, el gobierno nacional se apodera del 73 % de los fondos coparticipables, mientras el conjunto de las provincias argentinas sólo recibe el 27 % restante. Estas cifras se agravan si consideramos que los Estados provinciales tienen a su cargo la prestación de los servicios de educación, salud, justicia y seguridad.

¿Cómo puede explicarse que con un Estado que asigna más de 120 mil millones de pesos para pagar a la usura nacional e internacional los servicios de una deuda inexistente y fraudulenta, no haya recursos para viviendas para un tercio de los argentinos? ¿Cómo justificar que mientras se asignan más de 50 mil millones de pesos de subsidios para los grandes grupos empresariales, se siga agravando el alarmante déficit habitacional? ¿Cómo se puede entender que en un país que ha tenido uno de los períodos de mayor crecimiento sostenido de su PBI desde el año 2003, no pueda atender un derecho humano tan esencial para 15 millones de personas? ¿Cómo puede un Estado tener una masa fabulosa de ingresos fiscales, como nunca antes en la historia, y hacer muy poco para dar respuesta a la carencia de viviendas de los sectores populares?

Por su parte, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires administra uno de los distritos más ricos del país, con una masa de contribuyentes (personales y empresas) que poseen elevado poder adquisitivo, aunque ha incrementado sustancialmente los tributos desde que comenzó su gestión, ha hecho poco y nada por dar soluciones habitacionales a los sectores de menores recursos. Sólo se ocupa de garantizar la realización de rentables negocios para grandes empresarios y de mostrar una irresponsable permisividad en la construcción de mega-edificios a cargo de los grandes especuladores inmobiliarios. Lo hace con sub ejecución del presupuesto para viviendas populares, con falta de cumplimiento de las asignaciones presupuestarias para sectores carenciados, porque apuesta a la ‘limpieza social’ de la Ciudad.

Nos encontramos entonces con gobiernos supuestamente de distinto signo político, que con abundantes fondos disponibles demuestran una absoluta falta de preocupación por un grave problema que afecta a una amplia capa de la población. Es en este marco donde se produce el conflicto de la ocupación de un parque público de la Ciudad de Buenos Aires, por parte de familias que carecen de vivienda propia y buscan alguna solución para ese problema, lo que genera la reacción del gobierno de Macri que solicita a la justicia la desocupación del predio, postura con la que también coinciden los vecinos que habitan los barrios adyacentes.
Sobre este escenario se va a montar la farsa del enfrentamiento de ‘Mauricio vs Cristina’, con actitudes no sólo patéticas e irresponsables, sino abiertamente criminales, como las que pudimos observar en estos días.

Después de que la Policía Federal lleva adelante una dura represión contra los ocupantes del predio, el gobierno nacional retira toda presencia de fuerzas de seguridad del lugar con el argumento de que no puede descuidar la seguridad de otras zonas de la ciudad. Ante la inminencia de un enfrentamiento entre ocupantes del parque público y los vecinos de los barrios cercanos, se produce entonces la zona liberada y la tierra de nadie. Obviamente que lo hace apostando a un desgaste de su ocasional oponente, el gobierno de la Ciudad, tratando de descargar sobre éste la responsabilidad de la situación.

Por su parte, el gobierno de Macri, fiel representante de los intereses de los sectores económicos de más altos ingresos, acusa al gobierno nacional de ser el responsable de la pobreza y la falta de viviendas para millones de argentinos, a pesar de que el país ha crecido de manera inédita desde el año 2003, y a pesar de los ingentes recursos que maneja de manera arbitraria (justamente un integrante de uno de los grupos económicos que más se ha enriquecido con beneficios recibidos desde el Estado, y que menos preocupación ha demostrado por la situación social). A la vez, con un discurso fascista y xenófobo, deja entrever que habría delincuentes y narcotraficantes entre los ocupantes del parque, agitando consignas que en lugar de tranquilizar los ánimos llevaba a exacerbarlos.

No puede extrañar que haya sucedido lo que sucedió. Sí debe preocuparnos la coincidencia objetiva de ambos gobiernos, que supuestamente estaban enfrentados, al provocar con sus conductas el desencadenamiento de los sucesos aberrantes que ocurrieron la noche del viernes pasado (10 de diciembre). Luego, ante el peligro de un fuerte desgaste ante la opinión pública del país, que observaba atónita la pasividad irresponsable y criminal de ambos gobiernos, cambiaron la actitud, aunque intentando siempre sacar rédito político para la contienda electoral que se avecina en el próximo año. Macri apoyando y apoyándose en un sector de los vecinos de los barrios aledaños. El kirchnerismo potenciando las críticas a Macri y silenciando las responsabilidades del gobierno nacional, a través de punteros que actuaban entre los ocupantes del parque. Para el sábado ya se ha logrado, al menos transitoriamente, garantizar la integridad de los vecinos de ambos bandos, y por arte de magia aparecieron centenares de agentes para mantener la seguridad en la zona. Mientras tanto, sin soluciones de fondo y con el conflicto latente, ya murieron cuatro personas y quedaron numerosos heridos, tanto por la policía ‘nacional y popular’ como por los grupos armados privados de origen dudoso.

Basta de mentiras, basta de farsas

Los hechos lamentables que vivimos son elocuentes por sí mismos, y son un claro reflejo de la situación de carencia de viviendas que viven millones de familias argentinas, que se encuentran ante un panorama que es imposible que puedan solucionarlo con recursos propios, a quienes no les alcanzan sus ingresos siquiera para satisfacer necesidades más elementales como la alimentación.

También son un claro reflejo de la absoluta falta de respuesta del gobierno nacional, que en los últimos quince años ha agudizado los problemas habitacionales con políticas equivocadas que revelan no sólo incapacidad de gestión y carencia de proyección estratégica, sino más grave aún una falta de interés en solucionar los graves problemas de la gente, habiendo desperdiciado ocho años de extraordinaria bonanza económica. Y también evidencian la despreocupación del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que sólo piensa en promover rentables negocios para los grandes especuladores inmobiliarios.

Se requieren acciones urgentes y drásticas, que procuren un alivio en los más breves plazos para quienes se encuentran hoy viviendo en condiciones lamentables, de manera de destinar los recursos que sean necesarios para la construcción masiva de viviendas sociales. Pero esto demanda además una fuerte transformación de la política para ponerla al servicio del cambio social, porque los partidos que nos vienen gobernando sólo cumplen el modesto y repudiable rol de serviles a los más poderosos. Y por supuesto, necesita de una sociedad que comience a reaccionar con más participación, más debate, más unidad, más pluralidad, más compromiso, en el convencimiento de que nadie les (nos) regalará nada. El protagonismo es la mayor garantía de que la política responda a su verdadero sentido: servir a los intereses de los sectores mayoritarios, para lograr una sociedad más justa.

Por Luis Lafferriere, Director Proyecto de Extensión “Por una nueva economía, humana y sustentable” – Universidad Nacional de Entre Ríos (12 de diciembre de 2010)
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